La expresión "¡de cine!" suele llevar asociadas connotaciones positivas; sin embargo, si tomamos su significado denotativo y lo aplicamos directamente a la oferta de prime time de una cadena de televisión generalista, el resultado de lo que expresemos será bien distinto.
Hablando en plata: "Un prime time de cine", en sentido literal, es un prime time repleto de cine, de películas. ¿Y qué implica esto desde el punto de vista de la programación televisiva? Intentaré explicarlo tomando como ejemplo la parrilla nocturna de Antena 3.
La televisión es un medio de creación y no sólo de emisión (distribución). Su papel es el de un agente activo, que produce contenido televisivo -ya sea de forma interna o externa a modo de encargo a una productora-, y no el de un mero intermediario que se limita a emitir un contenido ya acabado y que, previamente, ha sido producido para una pantalla distinta: el cine.
Además, todo programador de televisión conoce las limitaciones del cine para originar fidelidad entre los telespectadores. La emisión de películas, de títulos individuales, implica una ausencia de serialidad a largo plazo que dificulta la consecución de un público fiel, principal objetivo de los programadores.
A lo anterior, hay que añadir que la audiencia alcanzada depende, en gran medida, de la capacidad de la película de turno para atraer audiencia, por lo que el programador "está vendido" a la librería de títulos de la que disponga la cadena y se ve obligado a recurrir al departamento de promoción, que realizará una promo lo más llamativa posible.
Y qué decir de los altos costes de adquisición de los derechos de los blockbusters de las grandes majors de Hollywood. Si bien muchos de ellos se convierten en grandes acontecimientos que consiguen reunir importantes cifras de audiencia y que acaban enriqueciendo la imagen de cadena, su dificultad para ser rentabilizados terminan restando atractivo a este tipo de productos.
A lo largo de la historia de la programación televisiva, estas circunstancias se han intentado salvar mediante diversas estrategias. La más común consiste en la creación de un contenedor cinematográfico con título propio que, mediante su permanencia en la parrilla, puede llegar a convertirse en una marca de la cadena. Estos espacios cinematográficos, programados con una cadencia semanal, sirven para dar uniformidad a la programación de películas que no guardan relación las unas con las otras. Otras veces, para intentar crear una falsa serialidad, se programan en semanas consecutivas títulos pertenecientes a una misma saga o temática. Por ejemplo, "Agosto pirata en Antena 3".
Mucho más interesante es la fórmula que consiste en convertir ese tiempo dedicado al cine en un programa de TV sobre cine. Es decir, envolver la emisión de la película dentro de un programa con un prefacio y un epílogo que contenga secciones cuyo contenido esté relacionado con el título de la semana: reportajes sobre los actores, making of, curiosidades, gazapos, concursos que impliquen a la audiencia, etc. Sirva como ejemplo La noche de de la ETB, la cadena autonómica vasca.
A continuación, nos centraremos en el operador nacional que me ha movido a escribir este artículo. Antena 3 cuenta en su parrilla con un contenedor cinematográfico cuyo título ya se ha convertido en un "clásico" de la televisión en España: El películón. Sin embargo, durante las últimas semanas, este espacio ha quedado diluido en la amalgama cinematográfica en la que se ha convertido el prime time de Antena 3.
Para empezar, su desplazamiento del lunes, su lugar habitual en la rejilla, al miércoles, no le ha sentado nada bien -por un lado, los cambios generan confusión en la audiencia, y por otro, competir con una serie tan consolidada como Hospital Central no es fácil-. Lo peor de todo es que este cambio ha sido motivado por la necesidad de dejar un hueco a la nefasta serie de Ana Obregón, que por suerte ya ha desaparecido. Y para terminar, Antena 3 ofrece tanto cine en prime time, que su tiempo semanal dedicado a los mejores títulos ahora pasa inadvertido.
Cuando una cadena "rellena" su prime time con películas de una forma tan abusiva como Antena 3 es por una razón: Sus estrenos de temporada han fracasado y, ante la falta de un proyecto a medio y largo plazo, cubre su parrilla con títulos de libraría cuyos derechos ya ostenta y a los que tiene que dar salida. Digamos que se trata de la fórmula más rentable para cubrir "las vergüenzas”.
El prime time es la franja en la que los canales ofrecen sus productos estrellas y en la que se juegan el mayor porcentaje de share, por no hablar de su imagen corporativa. Paradójicamente, según GECA, Antena 3 es la cadena española con mejor imagen. Sinceramente, sólo encuentro 3 razones que puedan explicarlo: 1) La excelente campaña de renovación de look emprendida por Planeta y Carlotti; 2) La credibilidad que le concede el público a sus informativos; y 3) La maltrecha imagen de sus principales competidores -Tele 5 y TVE 1.
Éste es el prime time de Antena 3: Los lunes, cine; los martes, también; los miécoles, cine una vez más; los jueves, la serie norteamericana Sin ratro; los viernes, ¿Dónde estás corazón? -a ver si el dichoso músculo aparece de una ... vez y dejan ya de buscarlo-; los sábados, cine -por si no habíamos tenido suficiente-, y los domingos, Homo Zapping News y repeticiones de Aquí no hay quien viva -era su mejor oferta de prime time y, desafortunadamente, ya no la tiene tras la marcha de los vecinos a la calle Atocha 20 (Tele 5).
Si un buen prime time genera fidelidad hacia la cadena, Antena 3 tiene mucho por avanzar en este sentido. No me queda más que desearle mucha suerte a Mikel Lejarza, nuevo director general de la división de TV de Antena 3, que tendrá que hacer valer sus mejores dotes para reflotar la franja estrella de un canal estrellado.




