Loca televisión en la colina
Soy consciente de que el título de este post es un tanto surrealista, pero es que el programa del que voy a hablar también lo es.
El loco de la colina, El perro verde, Qué sabe nadie, Trece noches, En la boca del lobo, Cuerda de presos, El vagamundo, Ratones coloraos... y, ahora, otra vez, El loco de la colina. Así es como Jesús Quintero ha concluido la cuadratura del círculo con su regreso a TVE. Un discurrir cíclico que ha llevado a este entrevistador nato a terminar como empezó: en la colina y loco.
No voy a detenerme en los datos de audiencia de sus dos primeras emisiones (15,3% y 14,4% de share), ya que tratándose de este "perro loco" y de su particular ritmo televisivo, los números no importan o, al menos, no pesan tanto.
El loco de la colina es un clásico programa de entrevistas. No merece ser clasificado como un mero talk show -anglicismo hueco, vacío de significado, utilizado para clasificar aquellos espectáculos con gente que habla, cuenta o simplemente emite ruidos.
Sus entrevistas a personajes de peso son auténticas piezas literarias. Obras de teatro en las que tanto el entrevistador como el entrevistado dejan de ser personas para transformarse en sus propios personajes. Actor frente a actor, pregunta tras respuesta, con sus debidos silencios.
No en vano, la productora del amigo Jesús lleva por nombre "El silencio", una de las herramientas que mejor emplea este peculiar entrevistador en la escenificación de sus pausados diálogos.
Inmerso en una atmósfera de tranquilidad, el telespectador es testigo de una conversación cuya única finalidad es conversar. No se extraen más conclusiones que aquellas que el propio Quintero "recita", entre entrevista y entrevista, a modo de signo de puntuación del discurso televisivo.
Según el estilo del entrevistado, todo cambia: el vestuario, la iluminación, el enfoque... Sólo el sui géneris entrevistador sirve de nexo entre invitado e invitado.
El loco de la colina es un programa necesario en el presente panorama televisivo. Al fin, una cadena apuesta por un espacio en el que se habla de lo que realmente importa: la vida y sus protagonistas, las personas. Se dialoga, no se grita. Se descubren intimidades, no se usurpan.
Este espacio tiene en su haber muchas luces, y no sólo focos. Sin embargo, todas ellas no son suficientes para apagar sus sombras. Dos zonas oscuras llaman especialmente la atención. La primera de ellas, ligada a la necesidad de atraer audiencia, consiste en el recurso a determinados entrevistados cuya misión no es dialogar, sino servir de estratégico gancho. Y la segunda, la más negra, va ligada al trasfondo ideológico del programa y de su loco conductor: el pesimismo latente en muchas de sus afirmaciones. Pesimismo, no obstante, intercalado entre grandes verdades y versos a la esperanza como los del siguiente vídeo...





Alejandro M. C. dijo
Muy bueno, muy bueno el vídeo. Muchas, muchas gracias!!!!
27 Enero 2006 | 11:03 PM